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Catequesis plástica
La Semana Santa
Marinera es la representación popular de una dramaturgia religiosa, con la espectacularidad de las celebraciones valencianas
La Semana Santa
Marinera es la representación popular de una dramaturgia religiosa, con la espectacularidad de las celebraciones valencianas
F. HERRERO/
La Semana Santa
Marinera es hija primogénita de la otra gran solemnidad pública religiosa de Valencia, el Corpus. Ambas muestran la misma característica singular, que las diferencia de otras celebraciones con idéntico motivo en España, y que podríamos llamar “catequesis plástica”.
Nacido en 1355, en tiempos de Pedro el Ceremonioso, en el bisoño Reino cristiano de Valencia, trufado de conversos y rodeado de musulmanes y judíos, el Corpus trasmite en su procesión cuajada de historia sagrada y dogmas religiosos un catecismo viviente, una especie de auto sacramental destinado al adoctrinamiento popular de aquella sociedad variopinta.
En la estela de su heredad,
la Semana Santa
Valenciana, con sus Cristos y Dolorosas, pero también con sus personajes bíblicos, sus Samaritanas y Salomés..., es una auténtica dramaturgia popular, páginas religiosas que toman cuerpo en el de un pueblo que vive sus celebraciones, profanas y religiosas, con espectacularidad.
En este sentido, Manuel Andrés Ferreira, en su libro Semana Santa Marinera, aborda ya de inicio esa circunstancia, cuando escribe: ‘‘Algunos quizás se pregunten si el colorista y callejero desfile litúrgico no contrasta con los nuevos estilos adquiridos de discreción, prudencia, silencio (...)”. Y para describir nuestra Semana Marinera emplea términos tan acertados como cuando la define de “manifestación locuaz de cultura popular”, y habla de “festejos rebosantes”, “exuberancia inigualable” y, como no, si somos valencianos, de “barroquismo”.
Desde San Vicente Ferrer Apenas hay documentación que nos ayude a fechar el inicio de
la Semana Santa
en Valencia, y en concreto,
la Marinera. Se
sabe, por ser San Vicente Ferrer el protagonista, de los sermones cuaresmales del santo valenciano. Y se cita que a finales del siglo XIV ya existía una agrupación llamada “
La Concordia
” compuesta por “piadosas personas que se dedicaban por Semana Santa al ayuno y la limosna –se dice que era tradición repartir carne de cordero– para santificar los días de
la Pasión
de Nuestro Señor”. Sobre esta agrupación hay referencias que atribuyen su fundación a San Vicente Ferrer, o al menos que fue prior de la misma, que tenía su sede junto al baluarte y antiguas murallas del Grao.
Dice Ferreira que la ausencia de imágenes procesionales era suplida por cofrades que, caracterizados –y añado yo, como ocurre en el Corpus– representaban los pasos.
Sólo hacia 1600 se mencionan los primeros grupos escultóricos, como es el caso del Cristo de los Afligidos, donado por los sucesores del conde de Albalat, señor del Canyamelar, a la primera ermita, después convertida en iglesia de la citada villa, antes extensa plantación de caña de azúcar.
La Gloria De todas las tradiciones de la rica manifestación dramatúrgica de nuestra Semana Santa Marinera, a mi me gusta destacar la del Toque de Gloria, cuando el Marítimo celebra, a la manera más valenciana, es decir con alegría estruendosa,
la Resurrección
de Jesucristo. Siendo que
la Semana Santa
no rememora sólo
la Pasión
y Muerte de Jesús, sino su Resurreción –y esto último es el fundamento de la fe cristiana– esa celebración, llamada de
la Gloria
, sólo se realiza en
la Semana Santa
Marinera, y no he encontrado algo similar en el resto de España. Es teológicamente impecable y gozosamente humano lo que las gentes del Marítimo, sobre todo en el Canyamelar y el Cabanyal, hacen al Toque de Gloria, a las 12 de la noche del Sábado de Gloria, cuando, por costumbre ancestral, lanzan desde los balcones, sus enseres viejos, piezas loza y demás, en un simbólico desprendimiento de lo viejo para dar cabida a lo nuevo, a
la Buena Nueva
de
la Resurrección
de Jesucristo, que nos marca el Camino y
la Esperanza
nuevos.
Sería tan deseable que no desapareciese esa tradición, que singulariza, entre otras manifestaciones únicas,
la Semana Santa
Marinera, como lo sería la recuperación del acto, hoy desaparecido, conocido la “Fugida dels Sayons”, no sólo uno de los aspectos más pintorescos de nuestra Semana Santa, sino también entrañado en su dramaturgia popular, y que consistía en la representación de la huida de los sayones cuando las campanas anunciaban
la Resurrección
del Señor. |