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Las hermandades de la semana de Pasión, Muerte y Resurrección del Señor celebran la entrada de Jesús en Jerusalén y el arzobispo preside los actos litúrgicos en
la Catedral
y bendice las palmas
Las hermandades de la semana de Pasión, Muerte y Resurrección del Señor celebran la entrada de Jesús en Jerusalén y el arzobispo preside los actos litúrgicos en
la Catedral
y bendice las palmas
M. ANDRÉS FERREIRA/ VALENCIA
Más de 3.000 cofrades, repartidos en 28 hermandades, desfilaron ayer por las calles del Marítimo en las procesiones del Domingo de Ramos como preludio de ocho intensos días de Pasión que hoy comienzan y finalizarán el próximo domingo con el jubiloso desfile de
la Resurrección
del Señor.
En
la Catedral
, el arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, acompañado por el cabildo de
la Seo
, presidió la tradicional procesión de las palmas por los alrededores de
la Catedral
, y su posterior bendición con lo que se conmemora la entrada de Jesús en la ciudad de Jerusalén.
Centenares de fieles asistieron a la procesión y a la celebración eucarística en
la Catedral
en la que actuó
la Coral Catedralicia
interpretando cantos gregorianos y populares, bajo la dirección del canónigo y prefecto de música sacra, Josep Climent.
La tarde quedó reservada a la celebración de las vísperas solemnes y la adoración de
la Cruz
, que se dio a besar en el Aula Capitular.
La burrita ‘Carmelita’ La conmemoración de la entrada triunfal de Jesús también llegó a Benimaclet, donde por primera vez el párroco de la iglesia de
la Asunción
, Juan Luis Orquín, subido en una pollina simbolizó la entrada del señor en Jerusalén. Rememoró el acontecimiento rodeado de centenares de fieles de las parroquias de
La Asunción
y de la recién inaugurada Virgen del Milagro y San Maximiliano Kolbe.
La concentración de fieles tuvo lugar en el jardín de la institución del Cottolengo, atendido por la congregación de Servidoras de Jesús Padre Alegre, donde son atendidas mujeres enfermas crónicas con escasos recursos económicos, la mayoría de ellas disminuidas psíquicas; algunas también participaron con lar religiosas del centro en la bendición de las ramas de olivo.
Después de los cantos de la celebración, el párroco Juan Luis Orquín, cubierto con una capa roja, montó sobre el pollino, que hizo un extraño sin consecuencias, y se inicio el acto procesional hasta la iglesia de
La Asunción
de Nuestra Señora, donde se ofició una misa.
Por su lado las cofradías, hermandades y corporaciones que componen
la Semana Santa
Marinera salieron a la calle con sus palmas y ramas de olivo para recibir la bendición.
En las Reales Atarazanas se concentraron las cofradías dependientes de la parroquia de Santa María del Mar. La procesión y posterior bendición de las palmas corrió a cargo del párroco, Antonio Díaz Tortajada.
Los más pequeños de las cofradías y hermandades, sobre todo las que muy temprano se concentraron en la explanada del mercado del Cabanyal, desafiando el sueño que se podía adivinar en sus miradas, asistieron con sus indumentarias, bajo la atenta mirada de sus padres, también con traje de vesta. En la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles esta procesión estuvo cargada de simbología.
“Venimos desde hace tres años y gracias a unos amigos de una cofradía. Los niños son pequeños pero ya van aprendiendo lo que es desfilar con un traje de vesta”, señaló Elena Tur, feligresa de Cristo Redentor.
El desfile procesional tuvo tres momentos importantes, como fueron la salida de
la Vera Cruz
, de Francisco de Eximenis, 67; la oración por los difuntos en el cementerio del Cabanyal y la bendición de las palmas.
Traslado de imágenes Por la tarde tuvo lugar el tradicional traslado de las imágenes a casa de los cofrades, donde quedaron expuestos a la devoción popular.
A partir de anoche, los hogares particulares se han convertido en la prolongación de las iglesias y las imágenes son visitadas por los fieles, unos como promesa y, otros, por devoción y para llevarles flores.
Merece la pena acercarse estos días por el distrito Marítimo para comprender lo que es la religiosidad popular, la hospitalidad de sus habitantes y, sobre todo, su particular forma de vivir
la Pasión.
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